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 Julio I. González Montañés ©

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Teatro hagiográfico

 

    La actividad dramática popular canalizada a través de gremios y cofradías religiosas tuvo su expresión más acabada en el Corpus pero tenemos también noticias de otras manifestaciones teatrales en el Carnaval o en las fiestas patronales y las dedicadas a santos protectores como San Roque. Este último santo, muy popular como abogado de la peste, dio lugar en sus celebraciones a numerosas actividades de carácter dramático y espectacular como las que tenían lugar en Compostela con “juegos, cañas, torneos y sortija”, además de las habituales comidas gremiales, toros, y solemne procesión en la que salía, como en el Corpus, la Coca, llevada por el gremio de obra prima.
       También en Pontedeume, donde el santo era venerado por la protección que, según creencia popular, había dispensado a la villa en la peste de 1517, se creó una cofradía que celebraba anualmente su festividad con funciones religiosas, toros, juegos de sortija, cabalgatas de máscaras nocturnas, danzas y representaciones de comedias en las que actuaban miembros de la cofradía escogidos por el mayordomo -bajo pena de dos ducados de multa si se negaban-. Tenemos noticias concretas en el Libro de Cabildo de la Compañía de San Roque (1615-1845, AMS, Sig. 334) de los años 1640, 1669 y 1732. Conocemos también los nombres de algunos de los vecinos actores, o encargados de la representación, (José de Leis Sevil y Antonio Galego en 1699) y sabemos de la representación de una Istoria de Profetas y tres comedias en 1732.
       En Betanzos, donde las noticias son muy abundantes, sabemos que la festividad del santo, patrono de la ciudad desde 1416, era celebrada no sólo con oficios religiosos sino también con juegos, máscaras, toros, fuegos y torneos y una procesión en la que salía, como en Compostela y A Coruña, la Coca del Corpus.
       En las ordenanzas de la cofradía betanceira de San Roque aprobadas en 1579, ya se habla de conmemorar la fiesta mediante “un juego de sortija” y “una máscara y regocijo de a caballo todos disfrazados y con sus libreas buenas y decentes”, y sabemos que eran frecuentes las representaciones teatrales a cargo de compañías profesionales que recorrían algunas villas gallegas después de haber sido contratadas por el cabildo compostelano para las fiestas del Corpus (la compañía jienense de Juan Hurtado actuó en la villa en las fiestas de 1605 procedente de Santiago y antes de partir para las fiestas del Rosario de A Coruña).
      En 1683 el Capitán Don Diego García de Losada nos informa de que "en las ocasiones de dichas fiestas los vecinos de esta ciudad hacen sus papeles en máscaras y otras cosas concinientes a ellas...”, y en el año 1694, un documento habla de la obligación de los vigarios de "hazer fiestas públicas al Santo no solo en lo tocante a la iglesia y culto divino, con Misa Mayor, Sermón, sino también fiestas y regocijos públicos de comedias, toros, máscaras, torneos y otros, y fuegos como se estila y acostumbra hazer en fiestas solegnes..", datos que demuestran claramente la dimensión teatral de los festejos.
      Nada indica, sin embargo, que las representaciones tuvieran como tema la vida de San Roque, y parece que se trataba simplemente de mascaradas populares y de representaciones de comediantes venidos de fuera con repertorio de ocasión, lo mismo que sucedía en otras ciudades gallegas como Ourense, donde consta la presencia de Juan de Salazar representando en las fiestas de San Roque de 1642, y Lugo, donde también sabemos de la estancia de compañías castellanas, -la de Diego de Bustamante en 1628 o la de Pedro de Soto y Juan de Salazar en 1641-, representando con motivo de las fiestas de San Froilán.
     Las representaciones de temática hagiográfica parecen haber sido poco frecuentes en tierras gallegas aunque tenemos algunas noticias de representaciones de vidas de santos en Compostela en las fiestas del martes de Pascua de Resurrección que mantenía la cofradía de la Quinta Angustia (La Vida de san Eustaquio en 1583). Es posible también que algunas de las “comedias” que se mencionan en los documentos fuesen de las populares comedias de santos que con su abundante uso de tramoyas, trucos y milagros hacían las delicias del público castellano del XVII, pero no hay datos concretos al respecto y las representaciones populares de temática hagiográfica que sobrevivieron hasta tiempos recientes (Martirio de Santa Ágata, San Roque…) poco pueden decirnos sobre la antigüedad del género en Galicia. Sólo sabemos con seguridad de la representación del martirio de San Sebastián en Betanzos en el contexto de la procesión del Corpus, y es extraño que no tengamos testimonios consistentes de la existencia de un teatro de temática jacobea cuando en otras zonas de Europa sí hubo representaciones de los Milagros y la Pasión de Santiago basadas en el Calixtino y la Leyenda Dorada.

    Es sabido que la Fiesta de los milagros de Santiago (3 ó 5 de octubre) se celebró en Compostela -aunque sin especial solemnidad- hasta el siglo XV, y que los Milagros de Santiago del Calixtino se leían en la catedral compostelana “los días festivos del Santo Apóstol y otros, si place”, pero tenemos escasos indicios de la existencia de un teatro jacobeo, a pesar de que desde fechas tempranas la liturgia compostelana había otorgado un notable protagonismo a Santiago, con generosas dosis de lírica e incluyendo ceremonias de carácter dramático y espectacular como la Vigilia en la víspera de su fiesta (inspirada en la Vigilia Pascual) o la solemnidad de su Elección y Traslación (30 de diciembre) que se celebraba con solemnísima procesión, exhibición de reliquias, ricos ornamentos y presencia de todo el clero y el pueblo de la ciudad.
       En la liturgia compostelana merece mención especial, por su carácter dramático-espectacular, la Misa farcida de Santiago que se incluye en el Códice Calixtino, compuesta “para cantarla quien guste en una u otra festividad del mismo Apóstol”, en la que aparecía el Apóstol como “un obispo o un presbítero vestido con ínfulas” e intervenían dos grupos de cantores, un cantor solista y un lector escenificando estos últimos con sus diálogos cantados la Passio del Santo.
       Se ha destacado en la misa farcida su carácter de representación en la que no falta cierto juego escénico en torno al altar, y los editores modernos del Calixtino han traducido generalmente el Farsa Officium Misse Scti. Iacobi... que encabeza a la pieza en el códice como Representación del Oficio de la Misa de Santiago..., reconociéndole una naturaleza teatral. Recientemente, sin embargo, José Mª Díaz Fernández, aunque no deja de notar la existencia en la misa de elementos especiales de escenificación, pone de relieve su intención esencialmente litúrgica y su adecuación a los usos de la época, concluyendo que “No es, pues, una pieza puramente teatral”.
         Fuera del templo catedralicio, aunque con intervención del Cabildo en la organización, la fiesta del Apóstol se celebraba en Compostela, al menos desde 1531, con juegos de cañas, toros, la popular carrera hípica del Cendal, fuegos artificiales y un juego de sortija mantenido por los caballeros de la Cofradía de Santiago que en 1586 intervenían a caballo con “su máscara puesta, y trompetas atanbores y ynbenciones”. En ese mismo año, el Concejo dispuso la celebración de una “máscara (cabalgata) nocturna” con participación de los gremios que no parece haber tenido continuidad.
       No hay pruebas de la existencia de representaciones teatrales pero sí algunos indicios de espectáculos parateatrales de temática jacobea como las ynbenciones que salieron en las fiestas del 25 de Julio, que en 1602 consistieron en “un carro (…) en que iba la barca de Santiago como vino de Jerusalén a España, muerto, con dos discípulos y dentro della tres ángeles que hacían tres niños del coro los quales iban cantando motetes y villancicos”.

     Las ynbenciones eran también frecuentes en los castillos pirotécnicos que se emplazaban en el centro del Obradoiro siendo quemados la noche del 24 de julio como hoy lo es la "fachada" de la Catedral. En la época que nos ocupa se trataba de escenarios escenarios teatrales distintos cada año levantados con recursos de la arquitectura, escultura barata y pintura, resultando una máquina de exaltación jacobea con historias adecuadas (Batalla de Clavijo, Traslación del Apóstol, Venida de Almanzor a Santiago) y notables recursos escenográficos como el Santiago ecuestre que en 1704 descendió por un cable desde la torre de las Campanas hasta el castillo para incendiarlo.


       Es posible que haya existido también algún teatro jacobeo en las aulas universitarias compostelanas y ya nos hemos referido a una Loa a Santiago que pudo haber sido representada a principios del XVI en el Estudio Viejo, pieza en la que, al parecer, se hacía referencia a episodios de la leyenda jacobea. Las noticias sobre esta Loa son problemáticas pero no es imposible la existencia de un teatro jacobeo de colegio y, por otra parte, la aparición en la Loa de la reina Lupa encuentra clara correspondencia con el protagonismo que se le otorga a este personaje en una tragedia jacobea francesa de Bernard Bardon de Brun, representada en Limoges por cofrades peregrinos el 25 de julio de 1596 y conocida en Compostela ya que se conserva un ejemplar en la Biblioteca de la Universidad de Santiago, procedente del Colegio de los Jesuitas que debió de poseerlo desde finales del siglo XVI.
     En el mismo ámbito temático cabe mencionar la “historia de Señor Santiago a caballo como cuando fue lo del Rey ramiro” que llevaban los azabacheros en el Corpus compostelano, una danza o representación que también se ofrecía a los arzobispos en sus tomas de posesión y a los visitantes ilustres, escenificando la aparición del Apóstol en la legendaria batalla de Clavijo, danza que puede estar en el origen, como luego veremos, de posteriores representaciones de Moros y Cristianos.
     Aparece también tangencialmente la temática jacobea en el coloquio entre el Apóstol, España, un peregrino y un gallego incluido en 1612 en las Exequias de la Reyna D. Margarita de Austria, pieza en latín del Licenciado toledano Alonso Pérez de Lara que tiene todas las trazas de estar inspirada en un Auto Sacramental.

       La falta de textos es casi total pero tuvo que haber existido un teatro jacobeo, no sólo en el ámbito de la liturgia y las fiestas compostelanas, sino también en relación con la peregrinación y desde fechas tempranas. Aunque las alusiones a la peregrinación y a los milagros jacobeos en los cancioneros juglarescos galaico-portugueses no sean muy frecuentes, siempre se ha pensado que los juglares han debido de jugar un importante papel en la difusión de los milagros y las leyendas jacobeas, dada la abundancia de las noticias sobre canciones y danzas de peregrinos y sobre la presencia de juglares en el camino y en Compostela. Es fácil, por otra parte, encontrar ecos del arte juglaresco en las canciones de peregrinos conservadas, y es conocida la presencia de juglares en los santuarios y monasterios del camino que los contrataban para atraer a los peregrinos y pregonar las virtudes de cada centro, sus santos y sus reliquias.
     En Galicia tenemos algunos testimonios, aunque tardíos, de la existencia de representaciones como la “danza de romeros y romeras” que hacía el gremio de tejedores de Compostela en el siglo XVI, el “diálogo y danzas a propósito de nuestra peregrinación” con el que obsequiaron en Monforte a principios del siglo XVII al arzobispo de Sevilla, D. Pedro de Guzmán, que viajaba como romero a Compostela, y la “danza de peregrinos” que interpretaron los criados del Conde de Lemos en unos festejos de 1619.
      Estas representaciones debieron de ser frecuentes si nos fiamos del testimonio de Blas Nasarre quien en 1749 afirma: “Los peregrinos en cuadrillas, el bordón de la mano, con sus esclavinas y sombreros cubiertos de conchas y bordoncillos (...), representaban al vivo los misterios de la Religión y las historias sagradas, de cuya costumbre quedaron las oraciones de ciegos y los autos que llaman sacramentales”, (...) “aun permanecen en Galicia y en algunos monasterios usos y prácticas que lo prueban”.

 

 

 

Códice Calixtino

Misa farcida de Santiago

 

 

Auto de Santiago de Alfonso Alvares (Portugal s. XVI)

 

 

 

 

 

 

 

 Santiago como obispo.

Columna de Platerías

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Plano del Castillo del Apóstol en la plaza del Obradoiro de Santiago. Dibujo de 1745, atribuido al “maestro arquitecto” Francisco das Moas, localizado por F. Pérez Rodríguez en el Archivo Histórico Nacional.

  En él se observa como toda la plaza se cierra para el espectáculo como un coso de plan rectangular y en el centro se alza una construcción piramidal escalonada de cuatro pisos y veinte huecos, es de suponer que para contener los lienzos que hizo para la ocasión el pintor catedralicio Juan Antonio Bouzas.
 

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